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Aunque un poco tarde, aquí os dejo el penúltimo de estos relatos ravnicanos:

 

Fecha: 15 de Dhazo

Lugar: Apartamentos Hoja de Trébol

Resumen de los trámites para la recogida de diezmos:

De los 360 nombres listados en el registro de diezmos:

  • 259 ciudadanos pagaron íntegramente el 30% de sus salarios
  • 87 ciudadanos presentaron pagos parciales con deudas (ver libro de cuentas para más información)
  • 13 ciudadanos optaron por  flagelación pública y servidumbre
  • 1 ciudadano se negó al pago; de acuerdo a los requisitos serán incautados sus bienes materiales junto a los de los miembros cercanos de su familia para que las absoluciones pendientes sean redistribuidas.

Diezmos semanales totales:

  • 21,890 zinos en moneda acuñada
  • 7,503 zinos en deudas
  • 4,401 zinos en bienes confiscados (ver valoraciones estimadas en las notas a continuación)

Bien material 1: Cant 3 – cadenas de monedas, plata. Valorado en 69 zinos
Bien material 2: Cant 1 – amuleto orzhov, lapislázuli con estallido solar de cristal. Valorado en 155 zinos
Bien material 3: Cant 7 – Máscaras de thrull, plata bañada en oro. Valorado en 109 zinos
. . .

Es mi tercera semana como recaudadora de diezmos, y a pesar de lo que dijo mi padre, no se está volviendo más fácil. Hoy ha sido un día especialmente malo, así que escribo esto en mi libro de cuentas. De todas formas nadie lee todas estas notas, y puedo anotar mis sentimientos cuando quiera sin que nadie se dé cuenta.

Hoy he tenido mi primera denegación. El ciudadano en cuestión intentó discutir conmigo que el requisito del treinta por ciento era demasiado. Solía ser del diez por ciento, dijo, desde que podía recordar. Gentilmente le expliqué que aún era el diez por ciento; el primer diez por ciento destinado a defensa y gestión de la guerra, el segundo diez por ciento para servicios sociales e infraestructuras y el último diez por ciento para compensar a Kaya y a los oligarcas por su valioso tiempo, pero no quiso escucharlo. Le presenté la oportunidad de compensar el veinte por ciento restante en deudas si lo necesitaba, pero comenzó a maldecir al gremio, diciendo que nuestra líder de gremio haría bien en sacar sus codiciosas manos de sus bolsillos antes de que él hiciera algo al respecto.

Pude observar su agitación e improperios, pero no podía ignorar una flagrante amenaza contra Kaya. Mientras me disponía a someterlo, sus ojos se agitaron como los de un murciélago rabioso. Cargó contra mí, golpeando sus manos desnudas contra mi armadura chapada en oro hasta que el metal se tornó rojo con su sangre. Le golpeé con un antebrazo en la espalda y luego usé mi bastón para barrer sus pies. Cayó contra la tierra, resollando. Fijó su mirada en mí, como si el castigo que iba a caer sobre él fuera culpa mía.

Él es el que se negó a pagar. Yo solo estaba haciendo mi trabajo.


Fecha: 24 de Dhazo

Lugar: Urbanización Prosperidad

Resumen de los trámites para la recogida de diezmos:

De los 292 nombres listados en el registro de diezmos:

  • 120 ciudadanos pagaron íntegramente el 30% de sus salarios
  • 127 ciudadanos presentaron pagos parciales con deudas  (ver libro de cuentas para más información)
  • 37 ciudadanos optaron por flagelación pública y servidumbre
  • 8 ciudadanos se negaron al pago; de acuerdo a los requisitos serán incautados sus bienes materiales junto a los de los miembros cercanos de su familia para que las absoluciones pendientes sean redistribuidas.

Diezmos totales semanales

  • 6,890 zinos en moneda acuñada
  • 37,503 zinos en deudas
  • 8,143 zinos en bienes confiscados (ver valoraciones estimadas en las notas a continuación)

Bien material 1: Cant. 3 – Nudillos de bronce con púas. Valorado en 37 zinos

Bien material 2: Cant. 12 – Pequeños incensarios, plata con detalles de oro. Valorado en 155 zinos
Bien material 3: Cant. 1 – Auricular para comunicaciones, dimir, encantado. Valorado en 109 zinos
. . .

Hoy, después de la cena, me he presentado ante mi padre con el dinero que saqué de los diezmos. Casi quinientos zinos. Prácticamente pude ver el oro reflejándose en sus grandes y vidriosos ojos. Se secó una lágrima antes de que cayera y me dio un fuerte abrazo.

—¡Doscientos quince zinos más que la semana pasada! ¡Esa es mi chica! —me dijo, pellizcándome la oreja. Me sentí orgullosa de contribuir a las menguantes arcas de mi familia. Las cosas han estado poniéndose mal últimamente, incluso antes de la subida de los diezmos en Orzhova.

Hace unos años una racha de malas inversiones acabaron con la mayor parte del patrimonio de Padre. Acudió a los espíritus de nuestros ancestros en aras de obtener un préstamo de las inmensas fortunas a las que se habían aferrado tras la muerte. Admitir el fracaso lo quebró, y todos tendremos que sufrir las miradas despectivas de nuestros ancestros siempre que nos visiten durante el Día de las Absoluciones o en Vísperas del Ajuste de Cuentas. Pero lo que Padre trajo a casa fue peor que ser cargados con deudas. Regresó a casa con la verdad: no había fortuna familiar. Las riquezas de nuestros ancestros estaba fuertemente atada a las arcas del Concilio Fantasmal, y cuando el Concilio Fantasmal mordió el polvo, su dinero también. Los espíritus de nuestros ancestros habían fingido sus riquezas todo este tiempo, cuando realmente solo tenían unos pocos millones de zinos a sus nombres y no podían soportar la idea de marcharse sin uno.

Estaba resentida, pero Padre lo comprendió mejor que yo. Mantener las apariencias era para nosotros tan importante como caro. No nos atrevimos a emplear menos de tres sirvientes, por miedo a que llegara a oídos de los oligarcas. Como pontífice, Padre solo se asociaba con ellos ocasionalmente, pero estar a la sombra de los oligarcas era un privilegio que muchos aspiraban. No podíamos arriesgarnos a bajar en el escalafón social, así que todos en la familia contribuyeron. La recaudación de diezmos es mi contribución.

—Sabía que servías para esto —dijo Padre, metiendo el dinero en uno de sus profundos bolsillos—. ¿No te dije que sería más fácil?

Coge un zino aquí, otro allá. Amaña los libros. Todos los recaudadores de diezmos lo hacen.

Solo que yo no podía. Sé que esa fue la única razón por la que Padre me metió en la profesión. El trabajo de un día honesto por el robo de un día honesto, decía con una sonrisa. Pero tomar el dinero de la gente no me traía felicidad, incluso si nuestra familia lo necesitaba, porque todas esas familias ahí fuera tenían mucho menos que nosotros. Así que conseguí un segundo trabajo ayudando a un mago de carne. Hacer thrulls no es el trabajo más glamuroso, pero se paga bien, y soy buena en ello. Si mis padres lo descubren me esperaría una buena; que si la magia de carne no nos corresponde, que si los espíritus de nuestra familia se llegan a enterar…que los dioses nos ayuden.

La mitad de lo que gano cada semana se lo doy a mi padre. Uso la otra mitad para ayudar a ciudadanos que se quedan cortos con sus diezmos. No puedo ayudar a muchos, pero espero de corazón que haya más recaudadores de diezmos haciendo lo mismo.


Fecha: 11 de Prahz

Localización: Casas de los Oligarcas, Sur

Resumen de los trámites para la recogida de diezmos:

De los 402 nombres listados en el registro de diezmos:

  • 34 ciudadanos pagaron íntegramente el 40% de sus salarios
  • 339ciudadanos presentaron pagos parciales con deudas  (ver el libro de cuentas para más información)
  • 34 ciudadanos optaron por flagelación pública y servidumbre
  • 29 ciudadanos se negaron al pago; de acuerdo a los requisitos serán incautados sus bienes materiales junto a los de los miembros cercanos de su familia para que las absoluciones pendientes sean redistribuidas.

Diezmos totales semanales:

  • 1,890 zinos en moneda acuñada
  • 68,667 zinos en deudas
  • 22,852 zinos en bienes confiscados (ver valoraciones estimadas en las notas a continuación)
  • Bien material 1: Cant 4 – Claves pétreas, encantadas. Valorado en 67 zinos
    Bien material 2: Cant 2 – Sellos, deslustrados. Valorado en 55 zinos
    Bien material 3: Cant 12 – Un litro de sangre humana, pasteurizada. Valorado en 109 zinos
    . . .

Padre llegó hoy a casa con un humor de perros; otro de sus planes de hazte-rico-rápido ha ido mal. Terriblemente mal, por la forma en la que mira su pierna, ahora un amasijo de carne de thrull gris azulada. Intenté acercarme lo suficiente para utilizar mi magia de carne en él sin que se diera cuenta, pero no paraba de echar humo y pisotear por toda la casa. La máscara dorada de thrull en la planta de su pie golpeó el suelo de piedra tan fuerte que hizo caer a las muñecas de porcelana en las vitrinas de Madre. Padre maldijo al Cónclave Selesnya, llamándolos puñado de cometrigos, vistehojas y fanáticos con el cerebro lavado, y diciendo que destruirá el gremio él mismo por lo que le hicieron. Mientras tanto, zibs de cobre caían por los agujeros de sus bolsillos. Por sus berridos, supe que una máquina ízzet y sierpes estuvieron implicadas en todo eso. Sonaba interesante, pero no me entrometí.

Es mejor evitarlo cuando está así.

Hoy sucedió algo interesante trabajando para el mago de carne Jarek. Estaba ocupada procesando un cadáver cuando lo escuché en el cuarto de juicios.

—Silencio —dijo—. Tus súplicas son inútiles.

Una mujer rogaba por su vida, lo que no era nada nuevo. Todos los deudores lo hacen. Pero entonces dice:

—Tengo información sobre una vulnerabilidad en Vitu-Ghazi. Solo necesito comprobarlo con mi agente, y seré generosamente recompensada. ¡Entonces podré liquidar todas mis deudas!

Llena de curiosidad dejé la carne en la que estaba trabajando de un salto y casi me golpeo con una pila de rótulas por el camino. Cuando ojeé dentro del cuarto de juicios vi a una mujer vestida en delicadas prendas selesnyanas, de un fino material que apenas roza contra su piel. Aunque sus movimientos eran precipitados, y me pilló por sorpresa. Cuando era más joven supe en mi corazón que quería unirme a los selesnya. Quería estudiar sus costumbres y abrazar el poder del “don”. Padre eliminó eso antes de que la idea echara raíces, así que no aprendí mucho sobre ellos, pero sé una cosa; ningún selesnya se atrevería a estar endeudado con el Sindicato Orzhov. Solo podía concluir que era una espía, probablemente dimir.

Jarek no tuvo piedad con ella, e invocó las runas que se ocultan en los sombríos rincones del cuarto de juicios. La magia salió de sus dedos como negros zarcillos de humo que eran efímeros al principio, pero luego se transformaron en dagas. Desolló a la deudora de la cabeza a los pies, y tan pronto Jarek hizo el último corte, el espíritu vagó libre hacia el techo. Antes de que pudiera escapar lo ató a un tomo con otro conjunto de hechizos, y luego ordenó al espíritu que se pusiera en fila contra la pared junto a los otros que había cosechado hoy. Una docena. Son tiempos de gran actividad.

Cuando me llamó conté hasta cinco y luego entré como si no hubiera estado espiando tras la puerta. Saqué el cadáver fuera del cuarto de juicios, lo desvestí y lo limpié con aceites aromáticos que detendrían la descomposición. Consulté mis diagramas para comprobar las formas que necesitaba tallar en la carne. Teníamos un pedido para un thrull tesorero. Crear una bestia de seis toneladas es un complicado puzle que unir, y normalmente requiere mínimo cuarenta cuerpos humanoides, pero he aprendido a hacerlo con treinta y tres. La clave está en mide dos veces, lanza hechizos una…no es un gran secreto, pero te sorprendería saber cuántos magos empezaron invocando magia sin tener nada planificado. Podría hacer otro thrull con los trozos de carne que dejaron.

Pero cuando comencé a dibujar líneas de corte en el cuerpo con un palo de carbón mis ojos se posaron sobre las prendas selesnyanas perfectamente dobladas en el suelo.

Recé a los espíritus de mis ancestros para que el pensamiento deshonesto desapareciera.

Uno de los diablillos thrull que monté hoy maulló, pasando su mirada de la ropa a mí y viceversa, como si supiera lo que estaba pensando.

—No debería —le dije—. Sería impropio  robarlas. Ahora pertenecen a Orzhova, solo otra propiedad confiscada que anotar en el libro de cuentas:

Bien material 12,542: Cant 1 – Vestimentas, selesnyanas, seda. Valorado en 68 zinos

Nadie las echaría en falta. Metí los ropajes en mi zurrón.

Puede que no sea tan mala robando después de todo.


Volviendo a leer esa entrada, me doy cuenta de que puse a mi padre como alguien terrible, pero es maravilloso de todas las formas que conozco. Durante los tiempos de bonanza solía contribuir a las artes, encargando las vidrieras de nuestros ancestros que están en las ventanas del comedor. Invirtió en varios negocios pequeños, incluyendo uno que manufacturaba un generador de claves pétreas, hecho que cambió la seguridad en Rávnica. Y Padre tiene la paciencia de un santo conmigo. En mis días de juventud tuve una etapa rebelde…aún intentaba saber quién era y a dónde pertenecía. Teñí mi pelo de cada color del arcoíris (excepto verde, por supuesto…Padre nunca había permitido ese color en su casa), y él ni siquiera se inmutó, solo me llevó a través de nuestra basílica mientras mi madre se escondía a diez pasos detrás de nosotros, demasiado avergonzada para ser vista por las damas en sus círculos sociales. Era pequeña ante el tamaño de los intimidantes arcos de la basílica, pero al caminar junto a Padre, con esa sonrisa que tenía en su rostro, me sentía como un gigante. Me apoyó de todas las formas imaginables, y por ello estoy dispuesta a renegar esta parte de mí por él.

Pero gracias a él he sido capaz de ver lo bueno que hay en nuestro gremio, y los orzhov son suficiente para mí.


Fecha: 26 de Prahz

Lugar: Plaza de la Penitencia

Resumen de los trámites para la recogida de diezmos:

La recaudación de diezmos ha sido suspendida temporalmente debido a altercados. Soldados de refuerzo del Distrito Décimo están siendo enviados para ayudar a pacificar la situación.

Bueno, tengo la tarde libre inesperadamente, y no espero volver al trabajo mañana. Los ciudadanos no están contentos con otra subida de los diezmos tan pronto, y me estoy cansando de limpiar sangre de todos los recovecos y grietas en mi armadura.

Padre se marchó para hablar con el capataz de un muelle sobre una potencial inversión, y mi madre estaba en su club social, así que pensé que tendría la casa para mí sola todo el día.

No pasó mucho tiempo hasta que mis pensamientos volvieron a las ropas selesnyanas ocultas bajo mi colchón. Intenté probármelas, solo para ver cómo se sentían. Me quedaba tan bien que, comparada con la armadura con la que he crecido, era como vestirse con nubes. Me imagine filigranas de hojas recorriendo mis brazos, mi pelo recogido con una enredadera con bayas y flores puestas aquí y allá. Brinqué hasta el salón y me incliné frente a la majestuosa vitrina de Madre, fingiendo que era Vitu-Ghazi. Bailé como si fuera el viento que se eriza por las hojas del árbol del mundo; como si estuviera libre de confiscar los bienes que las personas han trabajado hasta la médula para tenerlas, y libre de confiscar su verdadera médula.

Entonces la puerta principal se abrió de golpe. Mi padre entró en casa y, juzgando por el pútrido hedor que trajo con él, supe que no iba a ser nada bueno. Intenté liberarme de las traicioneras vestimentas, pero los cordones en la espalda estaban fuertemente anudados. Quedándome sin opciones, me oculté en las sombras, observándole despotricar sobre cómo había estado a punto de ser aplastado por una caja de botellas de whisky. Se quitó su capa mojada con todo tipo de restos adheridos a la lana negra.

—¡Miri! —me llamó a viva voz, creyendo que estaba aún en mi cuarto—. ¡Miri! Ven aquí.

Entonces sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, y me vio.

Nunca lo había visto tan enfadado. Su voz hizo temblar las vigas, que arrojaron motas de polvo sobre mí. ¿Vestir prendas selesnyanas en su casa? Sería repudiada. Así que intenté buscar cualquier excusa.

—Encontré algo de información, Padre, algo sobre que Vitu-Ghazi tiene una vulnerabilidad—. Me tragué el nudo en mi garganta—. Estoy de incógnito para ver si puedo encontrarla, y si lo hago, ¡podremos aprovecharnos y tener a todos los selesnya suplicándonos piedad!

—¿Dónde conseguiste esa información? —me miraba con los ojos entrecerrados—. Eso no parece una tarea para una recaudadora de diezmos. Iré a hablar con tu superior.

Agarré su camisa, aún húmeda, sabiendo que tendría que ser clara respecto a mis prácticas con magia de carne—. El encargo no vino de mi superior. Escuché la información de una espía por mí misma.

—¿Dónde?

—La espía estaba suplicando por su vida justo antes de que su espíritu fuera tomado. Yo estaba…trabajando para un mago de carne en mi tiempo libre.

Su ceño no se relajó. En lugar de contribuir, lo había desobedecido por segunda vez. Si iba a recuperar la confianza de mi padre, necesitaba venderlo bien.

—Padre, ¿en serio piensas que llevo puesto estos malditos trapos si no pensara que esta pista nos proporcionará una riqueza inimaginable? He visto cómo Madre y tú peleáis y renunciáis a vuestra propia felicidad por mí. En el momento que escuché sobre la vulnerabilidad de los selesnya, todo lo que pude pensar fue cómo podría usarla para apoyar a la prosperidad de los orzhov. Los recaudadores de diezmos me han entrenado en intimidación y combate. Tú me enseñaste cómo manipular el sistema para provecho de nuestra familia. Por favor. Permíteme hacerlo.

Sus ojos se relajaron. Pasó de una postura tensa a tener los brazos abiertos, esperando un abrazo.

Había plantado la semilla de la fortuna en su mente, y cuando me vio en esas prendas, no vio a una traidora, sino a una digna sucesora que podría restaurar nuestra riqueza familiar.

No estoy segura de qué me asustó más.


Fecha: 7 de Mokosh

Lugar: Campamento de los Iniciados

¡Estoy aquí! Orientación selesnyana.

Ya tengo un verdadero diario, hecho de papel de hoja de palma doblemente bendecida con flores amarillas prensadas. Las páginas son frágiles y demasiado gruesas para pasarlas cómodamente, y en algunas zonas parece que repelen mi tinta…pero es bonito, y es mío, y no tendré que volver a ocultarlo. De hecho, los ancianos promueven la escritura de nuestros sentimientos siempre que sea necesario.

Nuestra clase es de trescientos iniciados. Danika, Kaz y Vasil están en la vaina de desarrollo que me han asignado. Caz y Vasil son sin gremio, Danika ha trabajado como arrestadora azoria, pero tras la masacre del motín de Udzec y las consiguientes medidas tuvo un colapso nervioso y decidió que necesitaba un cambio de aires. Nuestra vaina de desarrollo está conectada a otras cuatro, formando una rama de apoyo, y esas ramas se conectan a troncos de enriquecimientos, y luego hay algo sobre un sistema de raíces, pero dejé de prestar atención al anciano por entones, ya que el olor de trescientas axilas comenzó a hacer estragos en mi nariz.

Nos limpiamos en un cálido baño de bayas y aceites antes de volver a nuestras prendas recién lavadas. Olían como el paraíso durante un tiempo, pero estos extractos botánicos aparentemente no hicieron nada para contrarrestar el sudor y el hedor generado en nuestras zonas húmedas. Uno de los iniciados tuvo el descaro de levantar la mano para quejarse.

El anciano llamó al olor parte de nuestra “aura natural” y prometió que pronto nos acostumbraríamos a él.

Danika pasó un pequeño frasco por nuestra vaina, y cada uno inhalamos una pizca de aceite aromático bajo nuestras narices, luego nos sentamos y escuchamos atentamente las instrucciones de la oración.


Fecha: 12 de Mokosh

Lugar: Reunión del Cónclave

Casi me siento mal por escribir esto, pero echo de menos mi casa. El Sindicato Orzhov tiene sus más y sus menos, pero nuestra higiene es impecable, y nuestro papel no se deshace espontáneamente en pedazos si lo miras durante mucho tiempo. Y nunca en mi vida he apreciado el dinero tanto como ahora. Por ejemplo, ayer, cuando me di cuenta de que estábamos siendo convocados para asistir a nuestra primera bendición colectiva, supe al instante que tenía que presentarme en algo más brillante que mis prendas robadas. Después de casi una semana de llevarlas encima, empezaban a parecer andrajosas, pero no hay una tienda de ropa cerca del campamento de los iniciados, solo un par de costureras que hacen túnicas.

Encontré la ropa exacta que quería, hecha con retazos de seda bordados con hojas en hilo de oro. Mi monedero prácticamente saltó de mi bolsillo cuando lo vi. Su trabajo era magnífico. Celestial. No pude hacer otra cosa salvo pensar en lo rentable que podía ser su negocio con la ayuda de un buen inversor. Podría comprar los contratos de deuda de media docena de prestatarios y tenerlos a todos cosiendo. Podría triplicar sus beneficios el primer año, expandir su marca, comprar un puesto de venta en la Calle Hojalata, atraer a más inversores, luego…  

. . . Pero esa no es el camino selesnyano. Para hacer las cosas peor, la costurera solo intercambiaría la ropa por una tetera de bronce o por unas tijeras de podar pulidas con bandu. Supuse que una tetera sería más fácil, porque no tenía idea de lo que eran unas tijeras de podar pulidas con bandu. Me dirigí hacia un herrero que quería cuatro pares de calcetines de punto por la tetera. El único tejedor cercano quiso tres libras de pelo de lobo blanco (no me atreví a preguntar para qué iba a utilizarlo). Encontré  a un jinete de lobo que estaba enfermo y quería que sacara a pasear a su cachorro a cambio. Saqué a pasear al lobo (al final no era un cachorro). Di el pelo al tejedor y los calcetines al herrero. Le estaba cogiendo el tranquillo a esto del trueque, aunque me había llevado casi toda la mañana ir de acá para allá en lugar de estudiar, y déjame decirte, mi aura personal había fermentado.

Así que me lavé antes de regresar con la costurera, ya que no tenía tiempo para hacerlo antes de la bendición colectiva. Llamé a la puerta, y cuando contestó, le entregué la tetera, limpia y reluciente, incapaz de ocultar el orgullo en mi cara—. Me gustaría intercambiar esto por aquellas vestiduras, por favor.

Esbozó la más amable de las sonrisas y dijo:

—¿Qué uso podré darle a dos teteras?

Escuché en el interior de su casa una tetera silbando, intercambiada por algún otro cliente hace menos de veinte minutos. Me dolía la cabeza. Y también el corazón.

Cuando me reuní con mi vaina, Danika observé mi frustración y me dio un chal que cambió por complete el aspecto de mis prendas. Llegábamos tarde a las bendiciones, así que nos sentamos donde el chamán no pudiera vernos. Nos impacientamos tras tres horas de cantos y empezamos a pasarnos notas en papel de hoja de palma. Le pregunté si vendría a Vitu-Ghazi conmigo mañana. Parecía estar acomodándose al Cónclave más rápido que yo, y podría serme útil su ayuda. Accedió, y cuando nuestra nota se desintegró en una pila de pulpa cuando me la devolvió, apenas pudimos contener nuestra risa.

Sabía que la probabilidad de que encontrara la vulnerabilidad de Vitu-Ghazi era pequeña. Sabía que la decepción aguardaba a mi padre. Puede que nunca recuperemos nuestra fortuna, pero al menos seré capaz de contarle que hice el esfuerzo. Y puede que con su cumpleaños aproximándose olvide pronto todo lo concerniente a este estúpido plan. En el Sindicato los cumpleaños se celebran con collares de monedas, y cada año los oligarcas con los que Padre pasa tanto tiempo intentando impresionar lo colmarán de riquezas. Los collares son meras baratijas para los oligarcas, pero su generosidad podrían mantener a nuestra familia a flote durante meses, tal vez un año.

Cuando era una niña, y cuando el dinero de cumpleaños era solo diversión, lo ayudaba a cortar las cuerdas y apilarlas. Donaría la mitad a la iglesia, tal como se estipulaba, pero la otra mitad la gastaría en carreras de drómads; su oportunidad de convertir esa miseria en una fortuna. Siempre me llevaba con él. Me sentaba en sus piernas, aunque me caía cada vez que se emocionaba; tanto si agradecía a los espíritus por una victoria como si los maldecía por una derrota. Hubo bastante más de las segundas.

Cada año volvía a casa con los bolsillos vacíos y una gran sonrisa en su rostro, diciendo lo cerca que había estado de ganarlo todo, y cómo un día no habría nada que pidiera que él no pudiera darme, y luego me pellizcaba mi oreja y se asombraba por haber encontrado una última moneda detrás de ella.

Ugh. Estas bendiciones colectivas van por su cuarta hora. Mis nalgas se han dormido. Dioses, cuanto echo de menos mi casa.


Fecha: 13 de Mokosh

Lugar: Campamento de los Iniciados

Hoy aprendimos un hechizo de crecimiento. Todos mis compañeros de vaina fueron capaces de encontrar “el don” y de convertir semillas en plantas sanas. En cuanto a mí, simplemente pasé el tiempo rezando a los espíritus de mis ancestros para que algo sucediera, cualquier cosa, antes de que el anciano regresara de sus meditaciones y viera mi triste maceta de terracota llena con nada más que tierra.

—¿Has probado con el Canto de Vitu-Ghazi? —me preguntó Vasil, con una ceja arqueada.

Sacudí mi cabeza. Pasé toda la mañana anterior persiguiendo una tetera, así que no tuve oportunidad de practicar. Vasil me enseñó el canto, y cuanto lo intenté por mí misma pude ver algo agitándose bajo la tierra, pero las semillas nunca germinaron. Las desenterré y las sostuve en la palma de mi mano. Las blancas semillas se habían marchitado y vuelto marrones.

—No te preocupes —dijo Caz, enterrando nuevas semillas en la maceta—. Las invocaciones de chispas de semillas son a prueba de tontos—. Me dio un codazo—. No lo enseñan a los iniciados porque es tan simple que ni siquiera se preocuparían por enseñar los cantos—. Entonces Caz agitó sus dedos en una espiral, invocó un orbe  de pulsante magia verde, la aplastó contra su mano y espolvoreó en su maceta. Su planta suculenta dobló su tamaño.

Intenté hacer lo mismo, y cuando espolvoreé sobre mi tierra, tres brotes emergieron. Durante un breve momento me emocioné, pero entonces se marchitaron al igual que las semillas.

Cuando mi vaina se quedó sin ideas algunos de nuestra rama de apoyo intentaron ayudar. Cuando sus ideas fallaron, recibí consejo de uno de los iniciados en nuestro tronco de enriquecimiento que había asistido a lecciones de encantamientos. Pero nada funcionó, y el anciano estaba a punto de llegar. Me pregunté si había tocado demasiadas cosas muertas para poder hacer crecer algo.

Aunque Danika no se dio por vencida conmigo. Me ayudó en mis cantos, justo hasta que el anciano estuvo sobre nosotras, y en el último Segundo, cambió mi maceta por la suya.

—Buen trabajo—. Luego se dirigió a Danika y frunció el ceño ante sus brotes marchitos—. El don te encontrará en algún momento —dijo—. Pero me gustaría que pasaras el resto de la tarde en meditación curativa.

Más tarde le pregunté por qué había hecho eso por mí. Dijo que sabía lo mucho que quería visitar Vitu-Ghazi, y que si no podíamos ir juntas, al menos yo sería capaz de ir sola. No supe qué decir. Estaba abrumada por su generosidad y sacrificio, y la bondad de todos los que intentaron ayudarme.

Así que me dirigí al salón del gremio y cuando estuve frente a él me maravillé ante el gigantesco árbol del mundo. Verlo en persona fue agridulce. Era tan perfecto, tan sereno, y la arquitectura orgánica retorciéndose a su alrededor parecía hecha más con humo que con piedra. Pero supe que mañana estaría volviendo a casa con las manos vacías y me enfrentaría a la decepción de mi padre. Todos esos sentimientos se esfumaron cuando algo zumbó contra mi muslo. Miré hacia abajo y encontré un bolsillo en mi túnica. No me había fijado en él antes. De hecho, estoy segura de que no debería haber estado allí. Retazos de magia disipada se fueron. El bolsillo se sintió de repente pesado y tiró de mi túnica hacia un lado.

Me aseguré de que nadie estuviera viendo y luego saqué el objeto. Era un artefacto…selesnyano. Lo sostuve en mi mano, y cuando lo levanté hacia Vitu-Ghazi, se reveló una verdad estremecedora. El gran árbol hacía sido restaurado tras un ataque de algún mago ízzet, pero parecía que esas reparaciones fueron superficiales. Bajo la corteza pude ver lo frágil que era el árbol del mundo, con fracturas recorriendo sus ramas y puntales ocultos apenas soportando el peso. Un ataque preciso podría echar la estructura abajo, esta vez para siempre.

Este artefacto valdría millones para los orzhov. Decenas de millones. Puede que más. Nuestra familia acabaría con su desesperación, y el orgullo que tendría mi padre por mí brillaría tanto como el sol.


Fecha: 14 de Mokosh

Lugar: Mi habitación

Ayer por la tarde llegué corriendo a casa desde el Cónclave, dispuesta a contarle a mi padre lo que había descubierto. Me precipité a través de la puerta, sudando y jadeando. Antes de que pudiera abrir la boca, mi padre echo un vistazo al adefesio que era y llamó a los sirvientes para que prepararan un baño con jabones aromáticos, me buscaran algo decente que ponerme, y me cocinaran una comida orzhoviana. Solo entonces escucharía las noticias que le traía. Envió a un paje para que buscara a mi madre en su club social. Cuando llegó a casa no paró de hacerme carantoñas, cogiendo las ramitas y tallos de bayas de mi pelo como una mama loba lamiendo el pelo de su cachorra.

—Te he echado de menos, Miri —dijo, y por primera vez mi nombre fue como una canción en sus labios. Cualquier vergüenza que sintió hacia mí había desaparecido—. La casa no ha sido la misma sin ti. Tu padre ha estado insufrible, jactándose ante todos de lo valiente que es su hija.

El aroma de ternera y salsa flotó en el ambiente. Tras una semana comiendo granos de cereal y fruta seca, estaba prácticamente salivando sobre mí misma. Atrajo mi atención, pero la mano de mi madre me tomó el mentón para poder verla.

—Sé que tu viaje a los selesnya fue solo una treta. Tenías esa culpa en tu corazón desde que fuiste una niña. Una madre siempre lo sabe. Dile a tu padre que has encontrado esto—. Me da un artefacto; una delicada corona de oro que irradia una suave luz blanca—. Dile que lo robaste de los salones de Vitu-Ghazi. Invéntate una buena historia y saciará sus fantasías de fortunas por ahora.

Cuando dijo eso no pude esperar por una revelación incluso mayor en la cena. Incluso los espíritus de nuestros ancestros se unieron a nosotros, deambulando sobre las delicias que sabían no podíamos permitirnos. Conté mi historia, y mi padre se deleitó con cada palabra. Rió cuando mencioné el horrible papel y mi mañana de trueques. Mi madre sonrió, con una pizca de orgullo en sus ojos. Fue entonces cuando vi cuánta riqueza había tenido mi familia. No en forma de monedas en nuestros bolsillos, sino el amor que nos profesábamos en nuestros corazones. También pensé en los amigos que había hecho en el Cónclave. De las profundas conexiones que había hecho en tan poco tiempo. Conexiones que no estaba dispuesta a perder.

Cuando llegué a la parte sobre Vitu-Ghazi pasó algo inesperado. No le conté sobre la vulnerabilidad, ni que nuestra familia estaba destinada a compartir una verdadera fortuna. En lugar de ello le presenté a mi  padre el artefacto que me había dado mi madre.

—¿La Corona de convergencia? ¡Miri, esto cuesta varios miles! —gritó mi padre, y mientras me daba un abrazo mi madre y yo compartimos una sonrisa cómplice.

–Lo hice por ti, Padre. Quería que te sintieras orgulloso.

—Oh, Miri. Siempre me he sentido orgulloso. Y no hay fortuna en este mundo que pueda inclinar la balanza contra el amor que siento por ti.

Esta será la última entrada en mi diario selesnyano. No quiero que mi padre lo encuentre, aunque dudo que el papel dure más de unos meses, especialmente por la forma en que mis lágrimas están convirtiendo las páginas en pasta.


Fecha: 29 de Mokosh

Lugar: Casas de los Oligarcas, Norte

Resumen de los trámites para la recogida de diezmos:

De los 614 nombres listados en el registro de diezmos:

  • 551 ciudadanos pagaron íntegramente el 18% de sus salarios
  • 65 ciudadanos presentaron pagos parciales con deudas
  • 5 ciudadanos optaron por flagelación pública y servidumbre
  • 0 ciudadanos se negaron al pago

Diezmos semanales totales:

  • 68,417 zinos en moneda acuñada
  • 3,670 zinos en deudas
  • 2,852 zinos en bienes confiscados (ver valoraciones estimadas en las notas a continuación)
  • Bien material 1: Cant 3 – Runas, encantadas. Valorado en 67 zinos
    Bien material 2: Cant 1 – Sello, muy deslustrado. Valorado en 75 zinos
    Bien material 3: Cant 12 – Cántaro de guano de murciélago. Valorado en 205 zinos
    . . .

Estoy de vuelta en el trabajo, y las cosas están mejor ahora. Afortunadamente me perdí lo peor de la revuelta, y la calma ha reclamado las calles ahora que el Sindicato ha accedido a unos diezmos del dieciocho por ciento. No he tenido que limpiar sangre de mi armadura en un mes.

El cumpleaños de Padre fue la semana pasada. Como se esperaba, llevó a casa una pequeña fortuna en collares de monedas, pero dijo que el mejor regalo fue el que le traje.

—Es un árbol de monedas encantado —dije mientras le entregaba la maceta de terracota. Miró al brote y frunció el ceño. Iba a gritar algo sobre no permitir nada verde en nuestra casa, pero entonces saqué de la tierra una moneda de oro.

Sus ojos brillaron.

—Lo saqué de los bienes confiscados ayer. Produce una moneda cada noche.

Desde entonces mi padre ha atendido diligentemente al árbol; regándolo, asegurándose que tenga suficiente luz, e incluso hablándole cuando nadie está escuchando. Y cada noche, después de que mi padre caiga dormido, y antes de marcharme en secreto a mi trabajo de magia de carne hasta el amanecer, coloco una moneda de oro en la tierra para que la encuentre.

Tener este fragmento de verdor en nuestro hogar me llena de serenidad y esperanza. Ahora es un brote que él ha permitido entre en nuestras vidas, pero pronto estará listo para extender sus raíces más allá de la maceta, y con el tiempo, yo también lo haré.

Ya a la venta cartas sueltas y sellado de La Lealtad de Ravnica

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