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¡Hola de nuevo! Soy JM Salcedo y os doy la bienvenida una semana más a la sección de relatos de esta vuestra web con todo sobre Magic. Como bien sabreis, esta semana la carta elegida fue “Elfos de Llanowar”, una de las cartas originales de Magic que recientemente ha salido reeditada en Dominaria y que se incluyó en la preselección porque le gustó a mi hijo mayor.

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Pues bien, hablando de Dominaria, esta semana viajamos a ese plano para visitar el inmenso bosque de Llanowar y conocer los seres más representativos que allí habitan, sus elfos. Conocidos por ser fieros guerreros, devotos de la naturaleza y xenófobos para con el resto de habitantes del plano ¿qué pasará?

Se despertó con un fuerte dolor en la cabeza y un sabor metálico en la boca; quiso escupirse en la mano para corroborar que era sangre lo que lo provocaba, pero se dió cuenta que tenía las manos atadas a la espalda.

Empezó a abrir los ojos, y recordó dónde estaba: Llanowar. El joven miró alrededor. Sin duda alguna, le habían apresado. Escuchó unas voces, y el instinto hizo que de manera automática girase la cabeza para mirar. Entonces vio a un grupo de tres elfos. Estaban hablando entre ellos. Dos de ellos parecían discutiendo, y el tercero, simplemente observaba. La discusión subió de tono:
– Dime Sigmund ¡¿Por qué lo has apresado?! ¡¿Por qué has dudado?!-dijo uno de los elfos mientras apuntaba con el dedo a su interlocutor- ¡está claro que no recuerdas lo que hacen los humanos cuando entran en nuestras tierras!
– No seas estúpido Linder, yo no lo he apresado, Terowyn lo hizo. Yo simplemente quería asustarlo para que se fuera de aquí. Sabes que detesto la violencia.
– Sí, yo lo he apresado, – dijo Terowyn, el tercer elfo- y que sepáis ambos, que lo que quiero es llevarlo frente a la señora Freyalise, para que vea que los rumores son ciertos. Para que vea que los humanos nos han perdido el respeto. Para que tome cartas sobre el asunto.

¿Quien era esa Freyalise? ¿Qué iba a pasarle? Empezó a ponerse nervioso… De repente, un cuarto elfo apareció de la nada. Sin duda había estado en lo alto de un árbol todo es tiempo, observando el panorama y vigilando el entorno.
– Ya es suficiente. – dijo de manera tajante el cuarto elfo. – Era más alto que los otros tres, y tenía la voz tan grave e imponente como el rugido de un león. Sin duda, era el líder del grupo – No vamos a asustarlo. Tampoco vamos a llevarlo ante la diosa Freyalise. Vamos a acabar con él. Recordad quienes somos. Somos guerreros de la Orden de la Hoja de Acero. Fuimos elegidos por la misma Freyalise para proteger estas tierras, y tenemos permiso para acabar con cualquiera que suponga una amenaza para nuestro pueblo.
– No soy ninguna amenaza- dijo el muchacho- sólo me adentré en vuestro bosque siguiendo a un ciervo. La guerra está siendo dura, y los alimentos escasean. Quería alimentar a mi familia unos días.

Los cuatro elfos se miraron, y su líder se volteó hacia el chico. Esbozó una sonrisa maligna, y comenzó a caminar hacia él, mientras hablaba con aires de superioridad:
– Escucha, humano: nadie ha pedido tu opinión. La guerra no es cosa nuestra, nosotros nos encargamos que así sea protegiendo nuestras fronteras de seres como tú; además ese ciervo es nuestro hermano, y ten por seguro, que no le pondrás una mano encima – el elfo hizo un fugaz movimiento, y en un parpadeo, estaba cara a cara con el joven. Le susurró- porque te voy a matar ahora mismo.

El chico sucumbió al terror, y su vejiga no pudo contenerse más. El líder, Terowyn y Linder, se carcajearon de él.

Una espada se desenvainó. Sigmund estaba en posición de combate.
– Ya es suficiente. El forastero lo ha dejado claro, estaba cazando, y se adentró por accidente. Llevaba un arco casero y menos de media docena de flechas, de las cuales sólo un par aguantaría para herir al ciervo. Además, es un humano joven, poco más que una cría. No vais a hacerle daño. Lo vamos a liberar, volverá a su aldea, y nunca más se acercará a menos de trescientas leguas de aquí.
– Escúchame bien Sigmund, porque sólo te lo voy a decir una vez – dijo el líder- o te apartas, o morís los dos aquí y ahora.
– No, Farnwell. Vas a ser tú el que…

Sigmund enmudeció. Su espada cayó al suelo. En menos de un suspiro, Farnwell, el líder, desolló a su compañero. El elfo cayó al suelo, y empezó a brotar la sangre de su cuello que llegó hasta los pies del chico.
– Una verdadera lástima,- dijo Farnwell mientras limpiaba una daga y regresaba con los otros dos- era diestro con el arco y las hierbas medicinales…Bueno ¿por dónde ibamos?
– ¡Farnwell!- dijo Linder- Atención.

Un encapuchado estaba de pie, observando la escena desde una distancia prudente.
– Muy desafortunado eso que has hecho- dijo el encapuchado con una voz melódica- ¿qué diría tu diosa si lo viera?
– No me importa. Es lo que había que hacer, y se ha hecho. Y te digo algo, ahora te toca a tí, forastero.

Los tres elfos se lanzaron al encapuchado, en un ataque combinado, pero este, hizo una esquiva a la par que lanzó varios destellos con sus manos. Linder y Terowyn cayeron al suelo. Farnwell sin embargo, jadeaba con un corte sangrante en la mejilla.
– Tus compañeros no se van a levantar,- dijo el encapuchado- me temo que me he visto obligada a castigarles por consentir lo que has hecho hace unos instantes. Sin embargo, tu castigo, será más severo.
El encapuchado se descubrió el rostro, y resultó ser una hermosa Elfa con un parche en un ojo. Al verla, Farnwell se arrodilló y bajó la cabeza.
– Perdóname diosa Freyalise, no tenía intención de…
– No, no te perdono. Tu intención siempre ha sido la de hacer sufrir a todos los que no fueran como nosotros. Siempre has detestado todo lo extraño, lo forastero, lo que se escapa de tu zona de confort. Y esta vez, has rebasado la línea, tres veces. Primero, has consentido que tus compañeros ataquen, amordacen y torturen a este joven humano. Segundo, has asesinado a Sigmund por querer hacer lo correcto. Tercero, has querido asesinar a un tercer ser vivo sin ninguna razón. Lástima que haya sido yo ¿no crees? por tanto, te sentencio a morir. El fuego de Llanowar será tu cast…
– ¡Diosa, no!- le interrumpió Farnwell
– ¡Silencio!- grito Freyalise alzando la voz mientras las hojas de los árboles se agitaban y el viento rugía- El fuego de Llanowar será tu castigo, tu alma arderá y no formarás parte del Árbol de los Héroes.
..

Freyalise juntó las manos, y un resplandor comenzó a brotar del pecho de Farnwell. Era tan intenso, que el chico tuvo que cerrar los ojos para no quedarse ciego. Cuando cesó, Freyalise estaba frente a él, mirándole con una sonrisa compasiva. Y Farnwell había desaparecido.
-Ya ha acabado, niño. Estás a salvo.- hizo otro gesto con la mano, y las cuerdas que lo amarraban, se convirtieron en delicadas flores. Se palpó las heridas, y estaban sanadas. Finalmente, le tendió la mano- Vamos, la guerra no tardará en llegar aquí, y necesito que hagas llegar un mensaje a Benalia. Necesitamos unirnos porque las máquinas no distinguen entre elfos, humanos, orcos o enanos. Ven, hemos de prepararnos y forjar una alianza.

Y juntos, se adentraron en el bosque.

Y hasta aquí el relato de hoy. Espero que haya sido de vuestro agrado. A continuación os dejo una imagen de Freyalise para quien no la conozca, y las cartas preseleccionadas para esta semana: “Counterspell“, “Dark Ritual” , “Ira de Dios” y “Wheel of Fortune“.

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Freyalise, de Adam Paquette.

No quisiera despedirme de vosotros sin daros las gracias por la aceptación y la participación que estáis teniendo con esta sección. La semana pasada, conseguimos más del doble de votos que la vez anterior, y eso es algo increíble. Como digo siempre, para mi es un orgullo y espero estar a la altura de las circunstancias.

¡Hasta la semana que viene!

Ya puedes comprar cartas sueltas y sellado de La Guerra de la Chispa

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Comentarios en: "Universo Expandido: Elfos de Llanowar" (5)

  1. JM Salcedo dijo:

    *Fe de erratas: donde dice “desolló” debe decir “degolló”.

  2. counterspell pa la próxima xD

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