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¡Saludos a todos! JM Salcedo al aparato.
Una semana más, os doy la bienvenida a la sección de relatos de Magic, donde dejamos volar la imaginación y creamos vida a raíz de una imagen o un fragmento de texto.
Esta semana era el turno de una de las clásicas cartas de Magic. Un instantáneo que se lleva por delante a cualquier amenaza en el camino: Espadas en guadañas.

Espadas en guadañas.

Esta carta, tiene un trasfondo que, sinceramente he descubierto cuando me he documentado para el relato de hoy. Pero creo que os lo explicaré todo, al final del relato para evitar spoilers.

Empezaba a hacer calor. El hombre se detuvo, apoyó la cabeza de la azada en la tierra y a su vez, usó el otro extremo para descansar las palmas de las manos. Suspiró de manera sonora, y se puso una mano en la frente, a modo de visera para poder contemplar el campo. Había sido una mañana productiva, pero todavía le quedaba mucho trabajo por delante, y el sol ya estaba en lo más alto. Tendría que darse prisa, porque en un par de horas, el calor sería insoportable y habría que parar hasta el día siguiente. Cogió del suelo el odre que tenía al lado, y dio un largo trago de agua.
Sin más, siguió con su trabajo…

Mientras trabajaba, pensaba en todo y en nada. Los días pasados fueron mejores, pero al menos ahora, se sentía casi en total paz. Recordaba a sus compañeros, a sus amigos, sus momentos de gloria…pero sin duda alguna, lo que siempre le sacaba una sonrisa, era recordar las caras y gestos de gratitud de las gentes a las que ayudaban. Eso le reconfortaba y le alegraba.

El calor ya era agobiante, pero se negaba a parar hasta el día siguiente, quería acabar aquella parcela, así que, decidió tomar un descanso. Buscó la sombra de un olivo cercano, y se sentó a comer.
Un pedazo de queso con una hogaza de pan y algo de cecina, le darían fuerzas para seguir, y el odre aún tenía bastante agua fresca.

Siguió recordando mientras comía… sin embargo, esta vez no era un recuerdo tan agradable… recordó un lugar concreto, en un tiempo concreto y una situación concreta…

Todo aquello acabó bien, pero estaba seguro, que se pudo haber evitado mucho mal. Mucha gente inocente pagó un precio demasiado alto.
Quedó unos instantes paralizado al recordar aquello. Sin masticar. Mirando a la nada. Sumido en la culpa.
Volvió en sí, pero después de eso, comió poco más. Había perdido el apetito. Dio otro trago al odre, se puso en pie, y volvió al trabajo.

El sol empezaba a bajar, pero el calor no cesaba. No le importó, siguió trabajando con su azada.

Pasaron un par de horas cuando las manos y la espalda le empezaron a doler. Empezaba a dar señas de cansancio, así que, se irguió. La espalda le crugió, y él soltó un suspiro de alivio. Cuando recobró la compostura, vio una figura a lo lejos: un mensajero a caballo. Apoyó la azada en el hombro, y esperó que se acercara.

El mensajero paró a un par de metros de distancia, desmontó, se acercó otro metro más y se quitó la capucha. Era una joven que él ya conocía.

¿Qué es lo que quieres?
– Necesitamos tu ayuda.- La chica no se anduvo con rodeos.
– No.
– Todavía no sabes lo que te iba a decir.
– Has dicho que necesitas mi ayuda, y mi respuesta es no.
– Sigues sin escuchar, y encima te has vuelto más tonto con el paso del tiempo. Yo no la necesito, yo estoy aquí, son los que están allí abajo los que la necesitan.
– Yo no puedo hacer nada.
– ¡Oh, vamos! ¡Claro que puedes! Siempre has podido.
– Pero ya no puedo, estoy aquí. Las cosas han cambiado.
– Sí que puedes, pero el problema es que no quieres…Tienes miedo…- el hombre le dio la espalda- Sabes que es lo correcto, que es lo que hay que hacer…
– Sí… lo correcto…lo correcto…¡la última vez también fue lo correcto!- el hombre entró en cólera y lanzó la azada unos metros a un lado. Se giró con los brazos abiertos- ¡¿y para qué sirvió?! ¡¿eh?! ¡vamos, responde! te lo voy a decir…para que muriera gente inocente…niños…familias enteras…-bajó los brazos y agachó la cabeza, y el pelo le tapó el rostro-
– ¿Por qué no recuerdas todos a los que salvaste? ¡Salvaste a cientos! ¡a miles! ¡¿Por qué no los recuerdas a ellos?!
– Porque no fue ellos a los que fallé…No son sus gritos los que me despiertan por la noche…- se dejó caer de rodillas sin levantar la cabeza- vete por favor…
– Sabes que no me voy a ir…sabes que no puedo…esa gente…están muriendo…te necesitan, necesitan que vuelvas. Necesitan que cojas tu espada, y…
-¿Mi espada? Ahí la tienes – dijo señalando la azada- cógela y acaba con esos enemigos tú misma.
– ¿La has transformado en una azada? ¿la has fundido y la has dejado inútil?
– ¿Inútil? he trabajado todo este campo sólo con ella, la palabra inútil no es la apropiada. La he… pacificado, he seguido los consejos de aquellas escrituras. He renunciado a la guerra, y he transformado mi espada en una azada. No tenía suficiente metal para transformarla en un arado, al fin y al cabo, estaba rota.

La chica suspiró, se dio media vuelta, y caminó hacia el caballo.
– Está bien, haz lo que quieras. Juega a las granjas, después de todo, te ganaste este descanso. Pero deja que te diga algo más,-montó en el caballo y volvió a mirar al hombre- sabes que si no ayudas a esa pobre gente, sus lamentos se unirán a los que afirmas que te atormentan. Y eso, te acompañará por toda la eternidad, que es el tiempo que te queda aquí, en el “Retiro de los héroes”.- Se giró con el caballo, y comenzaron a marcharse lentamente- Te hicieron un monumento ¿sabes? En tu tierra, en Theros. En una colina similar a este paraje. Extensas llanuras rodeadas de cipreses y olivos. Altas columnas de mármol custodian tu imagen, con la palma de la mano abierta, rememorando tu juramento: “Mantendré la guardia”. Parece que al final, romperás esa promesa…Que seas feliz, Gideon “el granjero”…

Aquellas palabras se clavaron en Gideon como un puñal. No le dolió el hecho de que le llamara granjero, si no el hecho de ser consciente de que rompería su promesa. Tenía una oportunidad de volver de entre los muertos, de volver para ayudar a los desvalidos y de volver a salvar la vida de los guardianes. Los dioses verdaderos le permitirían luchar una vez más, y luego, volvería a su retiro.
Se puso en pie, y se retiró el pelo de la cara.
-Aguarda…- pero la chica siguió su camino- Espera…- la chica siguió- ¡Maldita sea, Elspeth!- y por fin se giró con una sonrisa pícara dibujada en el rostro- iré contigo a ver a ese dios para que me deje luchar una última vez.
– Sabía que harías lo correcto, -dijo la chica con una sonrisa, esta vez de alivio. Gideon avanzó y la chica, extrañada, le dijo- Espera, te dejas la Blackblade ahí.
– No la necesito.-afirmó- Está rota, y prefiero volver a lo clásico.- un brillo intenso se empezó a formar en su muñeca- Sigo teniendo mi querido sural…-Dijo sonriendo de forma pilla.

La chica también empezó a sonreír, y al final, ambos rompieron en carcajadas.

– Bienvenido una última vez, Gideon Jura.

Hasta aquí, el relato de esta semana. Antes de pasar a ver las cartas seleccionadas para la votación, voy a explicaros el trasfondo que comentaba antes. En español, la traducción no es del todo correcta, sería “Espadas en arados”. Esta frase, está en el Libro de Isaías de la Biblia, y es un concepto que en el que el deseo innato del hombre de conflicto, se transforma en actividades pacíficas. Convertir las armas en algo pacífico, es una consecuencia directa de la misma.

Let Us Beat Swords into Plowshares- Escultura de Yevgueni Vuchétich en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York

Así pues, espero que os haya gustado, y que hayais aprendido algo como yo. Sin más, os mando un saludo y dejo por aquí las cuatro cartas preseleccionadas para esta semana: “Avaricia”, “Fuerza de Voluntad”, “Dragón Codicioso” y “Academia Tolariana”.

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Comentarios en: "Universo Expandido: Espadas en guadañas" (2)

  1. buen relato!!!

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