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¡Saludos a todos los planeswalkers! Soy JM Salcedo y os doy la bienvenida una semana más a vuestra sección de literatura magiquera.

Esta semana teníamos con nosotros una carta, que es una de las localizaciones más importantes del lore de Magic: la Academia Tolariana.
Fundada por Urza y Barrin en la región de Tolaria, la Academia fue cuna de grandes magos y hechiceros, y supuso el punto de referencia de la “resistencia” frente a la invasión phirexiana. También hay que señalar, que sufrió varias destrucciones y varias reconstrucciones a lo largo de toda la línea temporal.

Primera Academia Tolariana

La Academia tuvo mucha repercusión, no sólo formando estudiantes. Si quereis algún otro ejemplo, os invito a leer.

¿Realmente me estás preguntando si recuerdo algo de aquel día? Claro que lo recuerdo, lo que allí pasó, no se olvida así como así.
Podría empezar por contarte cómo llegué allí, a la Academia, pero eso no es lo que realmente quieres saber. Además, todo el mundo sabe que allí sólo reclutaban a niños y niñas. Tenían pánico a los agentes dobles y espías, y esa era la forma de tenerlos a raya.
Puedo contarte quienes eran mis maestros, mis amigos, mis rivales…pero eso tampoco es lo que quieres saber. Y eso que entre mis amigos y compañeros, hay nombres notables. Supongo que te sonará Teferi, el mago de Zhalfir y héroe de Dominaria, o Jhoira, la actual capitana del mítico Vientoligero, en el que por cierto, también colaboré.

Supongo que quieres que te hable del día de la invasión. Bien, habrás escuchado muchas historias en las posadas y mercados, en las iglesias y los parques; pero todo lo que hayas escuchado, es falso. No falso en el sentido clásico, si no falso en el sentido de…incompleto, o más bien, aplacado…pronto lo comprenderás.

El día de la invasión, el Maestro Urza nos había ordenado ir a las aldeas para avisar a las gentes del lugar, y protegerlos de las máquinas. Él y el Maestro Barrin, tenían la sospecha que llegarían en cualquier momento, y el Vientoligero, estaba con Gerrard en algún tipo de misión de rescate (o eso nos hicieron creer), y no tenía capacidad de recoger a la gente en sus casas y llevarlos a la Academia. A mi me asignaron en el equipo de Karn y Teferi. El más leal sirviente de Urza, y el estudiante más privilegiado de todos los tiempos, nos servían de guía, ayuda y escolta. Nosotros podíamos conjurar con éxito hechizos sanadores y algún hechizo elemental a modo de defensa, pero si había una emboscada, ellos entrarían a jugar.

Era cerca de la hora del almuerzo, y estábamos llegando a una de las aldeas próximas a Benalia. El grupo se había ido dividiendo a medida que encontrábamos a civiles y les acompañaban a la escuela. Recuerdo que Teferi, empezó a hablar con Karn acerca de pararnos a descansar y comer algo. Karn le ignoraba de manera monumental, y el mago no dejaba de insistir, parecía un niño de cuatro años. Yo iba en la retaguardia, y me llamó la atención que el gólem se detuviera mirando al cielo. Imperturbable a las palabras de Teferi. Los demás siguieron andando hasta que se dieron cuenta que los líderes se quedaban rezagados. Teferi dejó de hablar, y miró al cielo, al mismo punto que Karn. Yo seguí caminando, y me paré al lado del gólem, mirando al cielo, pero yo no veía nada. Finalmente, el grupo entero se detuvo, y mientras mirábamos al cielo, los árboles dejaron de moverse con el viento. En ese momento supe que algo fallaba…

Una enorme bola de fuego apareció de entre las nubes, abalanzándose sobre nosotros. Karn me agarró del brazo y se puso a cubrirme, a modo de escudo humano. Hubo una fuerte explosión, y yo pensé que todos los demás estarían muertos. No nos había dado tiempo a verlo venir. Sin embargo, no fue así. Cuando Karn se quitó, pude ver que Teferi, había creado un hechizo protector en forma de cúpula, y nos cubrió a todos. Cuando el fuego y el humo desapareció, vimos a las máquinas caer del cielo. Eran decenas…cientos…y nosotros no llegábamos a doce efectivos, diez de los cuales, poco podíamos hacer en un combate a campo abierto. Los pirexianos venían de frente, implacables, y Karn, ordenó que nos quedáramos tras ellos dos, con un hechizo protector, y que bajo ninguna circunstancia, abandonáramos el grupo. Nos ordenó también, que si la cosa empeoraba, huyéramos.

La verdad que acabaron con gran parte de las máquinas, sin embargo, estas no dejaban de llegar, y cada vez de más direcciones.
Un chico del grupo, se asustó, y salió del hechizo protector, empezó a correr de vuelta, pero como podrás averiguar, no llegó muy lejos…

Karn y Teferi, iban retrasando cada vez más su posición. Aunque eran implacables, las máquinas eran muy superiores en número. Y comprendí, que si nos quedabamos allí, sin ni siquiera intentarlo, sería el fin de todos nosotros. Así se lo hice saber a mis compañeros, y unos cuantos salimos a ayudar a pesar de que nos adviritieron que no lo hicieramos. Karn, nos gritó que volvieramos, pero yo le respondí que no, que no los ibamos a dejar sólos. Teferi me miró, y esbozó una sonrisa al ver nuestra determinación.
Empezamos a lanzar rayos, bolas de fuego, a invocar elementales de agua, viento y tierra.

Por fin, parecía que los conteníamos, las máquinas estaban dando pasos atrás. Entonces, cuando parecía que habíamos ganado, nos dimos cuenta de la verdad: nos habían engañado. Nosotros no éramos el objetivo real. Las máquinas nos estaban entreteniendo mientras enviaban a sus soldados por nuestro flanco, en dirección a la Academia. Querían acabar con nuestra base de operaciones.
Teferi, me llamó y me ordenó que invocara un elemental de aire, e intentara llegar a la Academia lo más rápido posible, debíamos de avisarles: “Rápido, ve a la Academia, diles lo que has visto, que preparen sus defensas y protejan a los ciudadanos. No te preocupes por nosotros, todos hemos de morir tarde o temprano”.
Aquello me cayó encima como un jarro de agua fría, pero le obedecí sin pensarlo.

Llegué rápido, pero las máquinas habían sido más rápidas que yo. Estaban luchando en las murallas. Había miles de pirexianos masacrando a los estudiantes y profesores de la Academia. Una chica era la única que estaba defendiendo la entrada principal. Era Hanna, la hija del Maestro Barrin. Se movía como una hoja mecida por el viento, las máquinas no eran capaces de acercarse a ella, y eran conscientes de ello, porque las oleadas de enemigos, eran cada vez mayores. Al final, el cansancio hizo mella, y una máquina la hirió en el costado; sin embargo, no salió sangre de su herida, salió un líquido oscuro y denso. Esto la enfureció, y volvió a la carga con más dureza, con energías renovadas. Tiempo después supe que estaba infectada, y que Gerrard había estado buscando una cura.
Yo seguí mi camino, y finalmente llegué a la biblioteca donde el Maestro Urza había establecido la central. Hablé con él, le conté todo como me ordenaron, y entonces llegó el Maestro Barrin. Ambos estuvieron discutiendo acerca de cómo afrontar la crisis, y tenían posturas dispares.
Al rato, un estudiante vino corriendo, les dijo algo, y Barrin salió corriendo tras él.

Lo que ocurrió después, es la razón por la que nunca voy a olvidar ese día.

La biblioteca estaba en silencio, y Urza, me dijo: “¿Sabes cual es el mayor dolor de un padre?-Yo le respondí que no- Perder a un hijo. Eso rasga el alma, lo hace trizas, y es una herida que no se puede curar jamás.”

Yo me quedé pensativo, y entonces, escuché el grito más desgarrador que jamás he oído. La gente dice que los aullidos de los pirexianos, son horribles. Te puedo asegurar que no escucharon ese grito. Era Barrin. Hanna había muerto, ese hombre, había perdido a su única hija. Estoy seguro, que los pirexianos, pararon de pelear unos instantes. Yo subí a la muralla, y lo vi arrodillado con el cuerpo de su hija inerte en los brazos. Lloraba de rabia e impotencia, y gritaba de dolor. Urza tenía razón, sin duda, ese debía de ser el mayor dolor de un padre…La batalla seguía, y los pirexianos avanzaban hacia él, pero Barrin, lejos de huir, dejó a su hija a un lado, se levantó, y con las lágrimas aún en los ojos, empezó a conjurar. Una mezcla de rabia, odio y venganza, formaron el hechizo más destructor que ha presenciado toda Tolaria. Su voz retumbaba por todos lados, ronca como una cascada rompiendo; y una intensa luz, apareció de la nada.

Me desperté a los días en una casa de un pescador. Al otro lado de la región. Ese mismo día, supe que ese hechizo, había acabado con la invasión; pero también con la Academia…con sus estudiantes…y con toda Tolaria.
Aún no sé cómo sobreviví, pero aquí me tienes, contando la historia para que se sepa la verdad: que no hay nada más poderoso que el amor de unos padres por sus vástagos…

Y hasta aquí el relato de esta semana. Las cartas que os proponemos para el siguiente relato son: “Ángel de Serra”, “Dragón Shivano”, “Vampiro de Sengir” y “Fuerza de la Naturaleza”. Cartas muy old school y a las que todos les tenemos mucho cariño.

¡Hasta la semana que viene!

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