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Saludos a todos, soy JM Salcedo y os doy la bienvenida a vuestra sección literaria dentro de “El Rincón de Magic”.

Antes de nada, quisiera pediros disculpas por haberos tenido tanto tiempo sin aportar contenido alguno a esta sección. Las musas me abandonaron y eso, sumado a la carga laboral y al tiempo que se dedica a la familia, amigos, etc me hizo tener los relatos algo abandonados.

Llevo mucho tiempo trabajando en este relato que prometí que sería más largo de lo habitual. No miento si digo que he empezado estos relatos varias veces, y al final he tenido que iniciar todo de cero dando un nuevo enfoque. Así pues, he intentado confeccionar una serie de capítulos para dar más profundidad a la historia.

A modo de recordatorio, la última carta que salió victoriosa de la votación fue la Mística Fragua de piedra. Sin más, espero que lo disfrutéis. Volveré cuando tenga acabado el segundo capítulo listo.

Un saludo, proteged a los que os rodean y a vosotros mismos.

Stoneforge Mystic · Worldwake (WWK) #20 · Scryfall Magic: The Gathering  Search

Capítulo primero: Nacimiento

El hombre estaba apoyado junto a la puerta de entrada de la cabaña. Los copos de nieve caían lentamente tiñendo todo el valle de blanco, la noche era fría y hermosa y la luna llena se reflejaba sobre la nieve recién caída.

Llevaba un rato con la cabeza en otra parte, entonces, volvió en si y metió las manos en la chaqueta, no por frío, si no buscando algo. Al instante, sacó una pipa y una pequeña bolsa de cuero. Se puso la pipa en la boca, abrió la bolsa y cogió una pequeña cantidad de tabaco, así preparó todo para fumar. Volvió a meter la mano libre en el bolsillo, sacando una caja de cerillas. Encendió la pipa y dio una gran calada, al instante notó como el aire le llenaba los pulmones. Esa sensación le calmó un poco los nervios, y le hizo volver a centrarse en lo que estaba pasando dentro de la cabaña: su mujer estaba de parto.

Las costumbres de su pueblo y su cultura, no permitían estar al padre mientras el parto tenía lugar, sólo en ocasiones excepcionales y con causas muy justificadas. Los bebés los alumbraban las madres, en compañía de las sanadoras de la tribu. Normalmente, era una labor altruista, pero ya que ellos vivían en las laderas de la montaña la sanadora tuvo que viajar con antelación y pidió una compensación por todo lo que no iba a poder hacer durante esos días.

Sin duda le hubiera gustado estar dentro para ayudar, ya que quería ser el primero en ver a su pequeño varón. Lo tenía claro, tuvo la revelación que su mujer alumbraría un varón, el mismo día que ella le avisó de que estaba en cinta. Salió a cazar esa tarde para tener un buen faisán con el que celebrar la noticia, y al volver a casa, un enorme baloth le salió al paso algo que el hombre interpretó como una señal.

La puerta se abrió lentamente.

– Puedes pasar a conocer tu descendencia. Enhorabuena, es una niña.- dijo la sanadora.¿Una niña?-masculló él con decepción- pero si tuve una reve…

Una revelación, sí…- le interrumpió la mujer – tu esposa me lo dijo cuando empezó el parto. Los hombre sois muy estúpidos con ese tipo de cosas.Pero yo…

Escúchame bien Melkor, esa niña ahora está bajo mi protección y la de los ancestros. Si alguna vez descubro que tienes hacia ella un mal gesto, una mala mirada o si simplemente no les das suficiente afecto a ella o a su madre, juro por Emeria que vendré aquí y te destriparé, echaré tus tripas de comer a los gnarlid, y ni los gusanos querrán tus despojos ¿entendido? – el hombre permaneció en silencio- Bien, eso suponía, ahora serénate, vas a conocer a tu hija.

La sanadora se hizo a un lado, y el hombre caminó despacio hacia el camastro donde estaba su esposa, sosteniendo al bebé en un arrullo. La mujer levantó la vista de la recién nacida, y miró a su esposo:

Melkor, te presento a tu hija.- dijo ella ofreciendo al hombre que la cogiera. Este así lo hizo, la cogió y se acercó junto a un pequeño candil que iluminaba la estancia para ver mejor el rostro-

Hola pequeña, – le dijo mientras la miraba. La niña dormía, y el hombre empezó a dibujar una tímida sonrisa- llevamos muchos meses esperándote. Y si bien, no eres como imaginaba, he de decir que eres mejor. Eres más bonita, y sin duda me alegro que seas así y no como te había dibujado en mis pensamientos y en mis sueños. Sobre esta tierra, juro que te protegeré siempre. Te enseñaré todo lo que yo se. Te querré y educaré con la disciplina que me educaron a mi, pero te daré el cariño que yo no tuve. Gracias a tu madre Fancerina, por haberme hecho este regalo, y gracias a los tres grandes por haber hecho que me cruzara con ella aquel día. Gracias Emeria. Gracias Ula. Gracias Cosi. Ante vosotros tres y estas dos mujeres que me acompañan, pequeña mía, te doy el nombre de Nahiri. Que la Trinidad te de fuerza y valor durante tu vida, y te ayuden a cruzar cuando esta se apague.

El hombre miró a su esposa, que estaba con lágrimas en los ojos fruto de la emoción y el alivio de saber que su marido había aceptado a la niña, dejando de lado las supersticiones. Acto seguido, miró a la sanadora, cuando fue a decirle algo, ésta levantó la mano en señal de que no hacía falta, que era suficiente.

De pronto, un estruendo replicó por todo el valle. La cabaña tembló, y los cristales se rompieron. Nahiri empezó a llorar, y la sanadora salió para ver qué pasaba. Melkor devolvió la niña a su madre y fue detrás: “Quédate ahí” – le dijo a su mujer.

La sanadora estaba frente al porche, mirando a la montaña, el hombre se puso a su lado. La noche, de pronto se había iluminado de un rojo carmesí. Y fue entonces, cuando él también miró a la montaña, cuando supo qué había pasado: la montaña estaba en erupción.

Esto sí es una señal, Melkor. El volcán ha despertado después de miles de años. Algo malo se acerca.

-¿Qué quieres decir, anciana?

Quiero decir, que la última vez que Valakut se fundió, algo horrible pasó. Rápido, coge a tu familia, la bolsa de caza y tu arco. Nos vamos a Beyeen.

El hombre, reaccionó de inmediato. Al cabo de unos minutos, los tres estaban de nuevo fuera y se adentraron en el bosque junto a la sanadora.

Una lluvia de piedras empezó a caer por todo el valle, y aunque llevaban buen ritmo, cada vez caían más cerca. Nahiri no paraba de llorar, entonces la sanadora se puso a su lado y con un gesto de sus manos, la niña durmió. Fancerina sin embargo, quedó inmóvil, entonces el hombre y la anciana vieron que su camisón estaba cada vez más teñido en sangre. La sanadora se acercó una vez más a ella, y recitó unas palabras. Las piedras empezaron a caer a su alrededor: “Vamos mujer, con esto podrás llegar hasta el embarcadero.” Y reemprendieron la marcha.

Una roca enorme y ardiente cayó sobre un grupo de árboles, los cuales empezaron a arder a pesar de la nieve. La sanadora, entonces fue consciente de la situación: “¡Melkor, ven! ¡YA! – el hombre que iba unos metros delante de ellas, se acercó, y al hacerlo, la anciana agarró al hombre de una mano y a su mujer con la otra- Bien, quiero que me escuchéis, ahora voy a crear un portal – las piedras llovían cada vez en mayor cantidad- entraréis en él y estaréis en un lugar seguro. Allí os darán refugio. Yo no puedo seguiros hasta el embarcadero, mis piernas ya no son lo que eran y el esfuerzo ha sido grande. Os preguntaréis por qué no lo he hecho antes, y la respuesta es obvia. – cada vez caían más piedras- El portal ha de ser abierto por dos magos en dos lugares distintos, para que uno de ellos pueda cruzar al otro lado. – les soltó las manos, y retrocedió unos pasos, entonces empezó a hacer cículos con las manos- Mi viaje acaba aquí, me alegro de haberos ayudado, y Melkor, recuerda que puedo atormentarte incluso muerta, así que, cumple tu promesa.- un río de lava se acercaba a gran velocidad hacia ellos- Que los tres os protejan”.

La familia cruzó el portal, entonces la mujer bajó los brazos, el portal se cerró, y se dio la vuelta para contemplar su final. Esbozó una sonrisa y dijo en voz alta: “Ha sido una buena vida, ahora voy contigo, Emeria”.

Y así, abrazó su destino.

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